“He aquí la ciudad de Dios”


Vallejo, CDMX. 14/febrero/2018. Hace 6 meses en el corazón de un hombre muy especial nació un deseo hermoso, inspirado por el único Dios verdadero, el deseo de concelebrar la muerte del Señor Jesucristo con los hermanos de Estados Unidos de Norteamérica, Europa, Asía, África y Oceanía, sabiendo que muchos de ellos habían pasado años sin participar de esta bendición.

Y el tiempo llegó, el día señalado por Dios para que la iglesia La Luz del Mundo unida al Excelentísimo Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García celebrará por primera vez la Santa Cena fuera de la ciudad de Guadalajara, mostrando esto una vez más el cumplimiento de las promesas de nuestro Dios de expansión y crecimiento. Fueron más de 100 mil almas las que se dieron cita en el parque regional Glen Helen excediendo su capacidad con un solo deseo, unirse una vez más al cuerpo de Cristo.

Desde temprana hora los miembros de la colonia Vallejo fueron llenando la casa de oración, con su vestimenta blanca, pues aunque hay una distancia de más de 3,000 km, el corazón de la iglesia se une en un latido como un solo hombre, pues esta es la fiesta más grande de toda la tierra y la fe es el vínculo perfecto de paz entre el pueblo del Señor. Cabe resaltar que durante esta transmisión se contó con la presencia de 28 visitas que escucharon el mensaje de salvación y vida eterna.

“He aquí la ciudad de Dios” fue la expresión del Ungido de Cristo recordando al pueblo de Dios que su misión no se limita a celebrar la Santa Cena una sola vez al año o en un solo lugar, sino que las veces que el Creador se lo inspire así se llevará a cabo. Fiesta espiritual en la que el amor de Dios quedó demostrado pues los hermanos de la 3ª edad y la niñez recibieron la visita del Varón de Dios recibiendo cada uno palabras de aliento en sus corazones. Unos recibiendo la encomienda de que si en la voluntad del Señor esta llevarlos a su presencia, le han de decir a los santos que nos han precedido y ya están allá, que han sido dichosos al ver el comienzo de esta nueva era, al ver este hermoso ministerio y el comienzo del cumplimiento de las promesas de Dios y los más pequeños saber que su trabajo ha enorgullecido al que Dios ha Enviado.

Con grande alegría participamos de esta bendición, experimentando la bendición sin igual que sólo un auténtico Embajador del Reino de los Cielos puede impartir, pues al salir de la casa de oración los rostros de los miembros de este lugar irradiaban felicidad, se respira paz y la satisfacción de haber participado una vez más de la Cena del Señor. Dios bendiga a su Santo Apóstol llenándolo de fuerza y salud, preservando su preciosa vida si es posible hasta el día de su gloriosa venida.

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